A cualquier otra parte

CAPÍTULO II

Arrepentimientos

Tras todo este tiempo

¡Maldita sea!, maldita sea la hora en que tomé la decisión de marcharme de allí. Lo mejor y lo peor de las decisiones que tomamos es que nunca sabemos lo que nos deparan. He salido escarmentada, no pienso volver a correr el riesgo.

Este viejo cuaderno ha aparecido por algún lugar perdido del sótano, lo ha traído Caballo, el nuevo perro del vecino. Tengo que reconocer que al principio no sabía muy bien de qué se trataba, más que polvo tenía telarañas. Al abrirlo y ver lo que era, lo he devuelto al animal. A pesar de su estúpido nombre es bastante inteligente, así que me ha mirado con cara de no saber leer un libro pero si la mente y me lo ha acercado con el hocico, dando media vuelta y echando a correr, vete tu a saber hacia donde. A decir verdad le tengo cierto cariño al cachorro, sobre todo porque no me queda más remedio. Normalmente viene a casa a pasar un par de días a la semana conmigo, y además de desordenarlo todo, me desordena las ideas, pero esta vez ha ido demasiado lejos.

Llevo más de diez años en este triste lugar. Aquí nada es como esperaba, el domingo ya ha pasado, y mira que aún es mediodía, pero entre tanta lluvia y tormenta, se ha hecho de noche antes de tiempo.

Los días así me hacen pensar en los inviernos que pasábamos en familia, allá por el sur del Francia. Con una taza de chocolate caliente y un juego de mesa estaba todo arreglado. Ahora las cosas han cambiado, las mañanas de temporal terminan por deprimir a cualquiera, la gente abandona las calles y creo que si el fin del mundo llega, debe ser parecido a esto. Silencio, lluvia y todo gris. El tiempo, como el clima, cambia a las personas, por estas tierras nadie tiene la energía que yo recordaba en la gente.

Creo que podría soportarlo si al menos él estuviera, pero desde aquel fatídico enero nada ha vuelto a ser como antes… Un escalofrío me recorre el cuerpo cuando lo pienso, de hecho, aquella tarde no hacía mucho mejor día que hoy.

Lo recuerdo como si fuese ayer, o más bien… creo recordarlo. En ocasiones me da por pensar que igual mi mente me está jugando la mala pasada de inventarse trozos de mi historia, otras me doy cuenta de que eso es precisamente lo que hace. De cualquier forma poco importa ya… el caso es que a menudo me sorprendo a mi misma quemando las tostadas o dejando el agua de la bañera rebosar mientras pienso en todo aquello. Casi me cuesta escribir tras todo este tiempo. Parece que algo me dice que recordar puede hacerme demasiado daño, que “decirlo en voz alta” lo convertirá en algo más real aún, y sin embargo… siempre he creído que contar lo que ocurrió es la única forma de librarme de ello. Como todo lo que se cuenta, quizá la mejor forma de empezarlo sería por el principio.

* * *

No era demasiado temprano, por algún extraño motivo aquel día me quedé dormida hasta más tarde que de costumbre. Desde mi huida, normalmente me levantaba con los primeros rayos de sol. No lo hacía por gusto, los lugares donde me alojaba no me permitían dilatar más mi tiempo de descanso. Ruidos de cacerolas, platos y cubiertos. Golpes por todas partes, gente dando voces desde primera hora y pasos de los viajeros del albergue andando por todos lados. Con suerte, los fines de semana era capaz de conciliar el sueño un rato más tras despertarme por primera vez, pero por su puesto, eso era algo totalmente excepcional.

Sin embargo, aquella mañana abrí los ojos sobresaltada, había un silencio absoluto dentro de la habitación y creo que precisamente eso me hizo despertar tan alterada. Miré a mi alrededor en busca de cualquier alma “resacosa” que durmiera en la cama de al lado, compartiendo conmigo el dormitorio descuidado de turno. ¡¿Cual sería mi sorpresa?!, no había cama de al lado… Me encontraba en una habitación que podría considerarse cualquier cosa menos descuidada. Cómo había llegado hasta allí era otra historia, pero la verdad es que desde el primer momento sentí que algo no iba bien. Un fuerte golpe me levantó de la cama de un brinco, sin pensarlo dos veces me metí con la sábana debajo de la cama y empecé a pensar a toda velocidad cómo demonios había acabado en ese extraño lugar.

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Para el tiempo y cuéntame

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